Animales se dejan ver con más frecuencia durante la cuarentena

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A medida que los seres humanos se han encerrado en sus hogares por la cuarentena ante el COVID-19, delfines, manatíes y tortugas se han acercado a las costas de Puerto Rico. Estos animales marinos han comenzado a ser avistados con mayor frecuencia en semanas recientes.

La bióloga marina del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) de Puerto Rico, Grisel Rodríguez Ferrer, explicó que tanto el manatí (Trichechus manatus manatus) como el delfín pico de botella (Tursiops truncatus) han sido avistados por la falta de ruido de embarcaciones. Esto ha ocasionado que el pico de botella se acerque más a la costa a buscar sus presas porque puede encontrarlas con mayor facilidad.

“Las especies que se están observando, que es el pico de botella y el manatí, son especies residentes de la isla de las que se está observando un mayor número”, expresó la bióloga marina.

Pese a que se desconoce cuán grande es la población de delfines, Rodríguez Ferrer publicó un estudio en la revista “Life: The Excitement of Biologyen el que estableció que este es considerado el cetáceo más numeroso y el segundo mamífero marino más común en Puerto Rico.

En cuanto a los manatíes, el DRNA estima que su población fluctúa entre los 600 y los 700 individuos en Puerto Rico. Este animal está catalogado en peligro de extinción debido a que mueren más de los que nacen, lo que se agrava con el desarrollo costero desmedido.

En total, en las aguas de la isla reside una población “pequeña” de 27 mamíferos marinos, los cuales pueden verse, principalmente, en las aguas menos profundas del este y del sur, expresó Rodríguez Ferrer. 

“Por eso es que podemos estar en la playa todo el día y no ver nada”, dijo. 

El DRNA ha registrado un incremento en el anidaje de tortugas —por ejemplo, tinglares (Dermochelys coriacea)—, acotó la bióloga marina. Sin embargo, el reto no es que desoven, sino que las tortuguitas nazcan. 

“Los tinglares cuando salen es únicamente para desovar”, explicó Hilda Benítez, fundadora y directora de la organización sin fines de lucro “7 Quillas” en entrevista con Por Los Mares.

Las playas que más frecuentan son las del Corredor Ecológico del Noreste, seguidas por las de Culebra, Vieques, Humacao, Maunabo, Mayagüez y Añasco. Se estima un rango de entre 150 a 800 nidos en las playas de monitoreo para un aproximado de 24 a 129 tinglares anidando en una temporada, de acuerdo con lo escrito por el biólogo marino, Carlos E. Diez,  en el protocolo “Amenazas y técnicas de manejo para prevenir la destrucción y/o degradación de las playas de anidaje de las tortugas marinas en Puerto Rico”.

La presencia humana –en ocasiones por desconocimiento— ocasiona que haya más contaminación lumínica. La  contaminación lumínica es toda fuente de luz blanca dirigida a las playas de anidamiento. Estas luces confunden y desorientan a las tortugas que lo que buscan es la espuma blanca del mar, dijo Benítez.

La directora de la organización acotó que la merma de personas en las zonas marítimas podría ocasionar un incremento en la cantidad de tinglares que desoven en las costas debido a que los seres humanos son percibidos como depredadores. 

Los errores más frecuentes que cometen las personas al toparse con una tortuga, ejemplificó la directora del “Proyecto Vida Marina”, Sheila Bonet Muñiz, es tomarles fotos con el flash blanco. 

“Las tortuguitas bebé y las hembras cuando salen a anidar se desorientan con la luz blanca”, expresó. “Nosotros, cuando nos preguntan, les explicamos que pueden morir aplastadas en la calle”. 

Igualmente, Bonet Muñiz opinó que con la merma de personas en las costas puede que disminuya el contacto humano con estas especies y el uso de caballos o todoterrenos que puedan aplastar los nidos.

La música con volumen alto igualmente puede ocasionar vibraciones en la arena que anticipen el nacimiento de las tortuguitas. Esto provoca que nazcan en destiempo, a veces, en plena luz del día, añadió. 

En caso de que se reporte un avistamiento de tinglar en las costas de Puerto Rico, las organizaciones sin fines de lucro o iniciativas estudiantiles como “Vida Marina” están obligadas a asistirlas siempre y cuando utilicen guantes y mascarillas. Igualmente, la directora de la organización aclaró que estas no pueden ser atendidas por más de dos personas al mismo tiempo. 

“Es bueno para las tortugas que no haya tantas personas en la playa”, dijo Bonet Muñiz. 

“Lo único es que el monitoreo  [del DRNA y de las organizaciones] no es tan frecuente como antes”, puntualizó.