Junte de tradición y deporte en la vela nativa

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La vela nativa en Puerto Rico es tradición y deporte que se ha mantenido con vida gracias a los navegantes que continúan construyendo estos botes artesanales para competir en regatas locales desde el este hasta Ponce.

Lo que comenzó por ser un junte entre pescadores, hoy día es una cultura entre nautas puertorriqueños que se dedican a diseñar, producir, ensamblar y personalizar sus propios botes, en un proceso que usualmente involucra la familia y cuyo resultado siempre será una embarcación para competir.

“A mí me gusta llamarla un arte, cultura y deporte. Arte por el aspecto artesanal que conlleva construir los botes, cultura porque no es se rige bajo las reglas estrictas del deporte de la vela, tiene sus propias prácticas e historia a nivel del Caribe, y deporte por la celebración de regatas como la que se le hace a la Virgen del Carmen, en la que se transporta desde la playa de Naguabo, hasta la playa de Humacao”, explicó Carlos Marrero, quien aprendió de su padre el quehacer de botes nativos y hoy día honra esas enseñanzas diseñando en computadora los modelos de estos botes artesanales.

En los orígenes de la vela nativa, los botes que se utilizaban eran los mismos que los pescadores llevaban para pescar, contó Marrero. Ante el interés de competir que surgió entre los pescadores, los que tenían mayores recursos económicos comenzaron a construir botes exclusivamente para competir, de modo que tenían su embarcación de pesca y otra para las regatas, con un diseño distinto a la yola tradicional que lo hacía más ligero.

“Tan pronto el primer pescador hizo el primer bote que no era para pescar, se convirtió en vela nativa. Provienen de la yola, pero ya no son yolas. Son botes con diseños mucho más avanzados”, explicó Marrero.

Hoy día se utilizan solo para competir dado al nivel de destreza que se necesita para navegarlos, agregó.

La construcción de un bote nativo carga con un proceso detallado, el cual que comienza en manos de los diseñadores como Marrero, quienes preparan los modelos digitales de estas embarcaciones. 

A pesar que su padre lo introdujo en el mundo de la navegación, aseguró que sus destrezas de diseño digital de botes son son autodidactas. 

Hoy día Marrero cuenta con la experiencia para continuar diseñando nuevos modelos o continuar perfeccionando los modelos ya prediseñados, a través de una aplicación de diseño digital que se conoce como CAD (Computer Aided Design) y CNC (Computer Numerical Control), entre otros programas. También, basándose en las reglas de los botes nativos, recién impuesta en 2017 para una competencia más justa.  

Marrero es el diseñador del bote Monje Loco, que desde que se estrenó en aguas puertorriqueñas, dio mucho de qué hablar por su diseño y por ganar en todas las regatas.

“El bote tradicionalmente se construía en línea recta, de enfrente hacia atrás. Yo introduje una tercera dimensión en esas curvas, que se conoce en el mundo de la navegación como “rocker”, y no querían competir contra él (el Monje Loco). (Luego), lo aceptaron y acuñararon ese mismo tipo de construcción en sus botes, empezaron a crecer y, entonces, el Monje Loco comenzó a quedarse pequeño”.

Fue así que decidieron construir un bote más competitivo, el Malas Mañas 3, el que no contenía el “rocker”. Con este, Marrero quiso demostrarles que no se trataba del diseño, sino del manejo de la embarcación. Sin embargo, el problema se agravó. Con ese diseño mucho más ligero, los otros dueños de botes decidieron que no se debía construir un diseño más agresivo.

“Resultó tan polémico y efectivo que determinaron que no querían que la construcción fuera más agresiva de los que ya era el Malas Mañas. Entonces, todos los dueños de botes decidieron hacer una reunión, donde les propuse hacer un reglamento que establezca parámetros”, aseguró Marrero.

Les propuso crear una reglas genéricas para el diseño de botes nativos. Aunque eso fue hace muchos años atrás, no fue hasta abril del 2017 que se decidió establecer, en una votación de 11 dueños de botes nativos que compiten en regatas, con la guía del Malas Mañas, medidas específicas para la carena, los ángulos, tamaño, manga, ancho de la popa, entre otros. 

En sus cinco diseños: Monje Loco (el primero), Malas Mañas, Charlana Malas Mañas (de 24 pies), El Conspiración y Millenium 4 ha seguido perfeccionando la técnica para crear botes cada vez más competitivos. 

Marrero establece los parámetros del diseño digital y de ahí se los envía al taller que se encarga de hacer los cortes de madera para que el dueño del bote pueda ensamblarlo. Desde el diseño, Marrero calcula que es un proceso que podría tomar 16 a 20 horas de confección digital, mientras que el ensamblaje puede conllevar 180 horas, para luego continuar con el proceso de laminación, cuyo tiempo depende del que lo esté trabajando y las herramientas que tenga a la mano. 

En plena confección

Aunque el costo de producción de un bote nativo varía dependiendo de cuanto equipo nuevo o usado decida el dueño comprar, la realidad es que en el ensamblaje inicial se invierte más o menos la misma cantidad de dinero porque los únicos materiales que se pueden utilizar son madera o PVC Foam.

Por ejemplo, para el más reciente diseño de Marrero, el Millenium 4 que Ismael Bonet construía al momento que se hizo este reportaje en Ponce, se invirtieron $700 en las planchas de plywood marino y en llevarlas a un taller para que las cortaran a la medida. Además de esa cantidad, Bonet planificaba invertir unos $15 mil para el producto final. 

Bonet quiere seguir prolongando la tradición de su padre, quien hizo un bote de 28 pies en la década de los 80, por lo que decidió comprarle a Marrero el modelo que ahora será el Millenium 4, un bote nativo con un diseño del área sureste, que busca ser la competencia de Malas Mañas en la categoría de 17 pies, conocida como N-17.

Sin embargo, Bonet admite que el ganador en las competencias por venir dependerá de las condiciones de la regata, siendo ambos modelos muy parecidos y competitivos. Además, está confiado en la capacidad de su tripulación: su hijo, su hermano, su sobrino y él como capitán, puesto que dejará el Malas Mañas una vez esté completado el Millenium 4.

Los botes nativos, al igual que los demás botes en el mercado, pueden durar sobre 20 años en función y seguir luciendo como nuevos. Aunque depende del cuidado del dueño del bote, la realidad es que al ser considerados especiales, estas embarcaciones continúan siendo remodeladas a través de los años y, eventualmente, heredadas entre padres e hijos o amigos. Toda una tradición desde el diseño hasta el uso prolongado del bote nativo.

English Summary

Building a boat from scratch is a mix of tradition, passion and sporting for Puerto Ricans who have been constructing native boats for decades to compete at local regatas in the east and south of Puerto Rico. 

Carlos Marrero, who is self-taught in the art of building these sailboats, has designed five models. He told Por los Mares that this tradition started with fishermen that, after going to catch fish in their sailing boats, wanted to compete among themselves. Today native boats are made exclusively for competing in regatas. The process takes various steps such as designing the right model, going to a shop for the wood to be cut the exact sizes marked on the design, taking those pieces to put together and for lamination, and choosing the sails. The cost of building these boats can go up to $15,000, and will depend mostly on what the owner decides to buy new and what is reused from other boats.